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Antiguo 08-Jun-2017  
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Hay unos conceptos que a los más maduros les parecerán más familiares y para los más jóvenes será completamente sorprendente.

Quiero exponer cómo la seguridad a uno mismo es la base de una existencia equilibrada, y cómo la ausencia de ese respeto conlleva un montón de desarreglos y angustias.

Una persona que se respeta a sí mismo, para empezar, no cambia su actitud o comportamiento en base a que a los demás les resulte correcto o incorrecto. Simplemente hace lo que cree más razonable. Claro que está abierto a asumir errores y corregirlos, pero no deja de hacer esto o aquello porque a otro, simplemente, no le guste. Que a otro no le guste no es lo relevante, lo relevante es la verdad. Y en todo caso, tampoco nadie tiene toda la verdad.

Una persona que se respeta a sí misma asume la responsabilidad de sus posibles malas acciones y se corrige, asumiendo que esa corrección puede requerir un gran esfuerzo porque todos somos humanos, simplemente. Pero no se autoflajela, precisamente porque todos somos humanos.

Una persona que se respeta a sí mismo hace lo que cree conveniente, bajo su propia responsabilidad, es libre. Por tanto no tiene la necesidad de ser rebelde, porque no se siente oprimido. Ni de hacer locuras, porque hace lo que quiere y de forma responsable, de modo que no echa la culpa a otros de las cosas que pudiera hacer de forma irresponsable. Sus locuras las paga él mismo, y por eso se libra de hacerlas (a no ser que sea "locuras" veniales, simplemente divertidas y sin consecuencias graves).

Una persona que se respeta a sí mismo no es agresiva ni es irrespetuosa con los demás, porque no se siente amenazado. Al contrario, reconoce que los demás merecen respeto, y por tanto es amable. Al menos mientras no le falten el respeto a él.

Al contrario, una persona que no se respeta a si misma es esclava de las normas sociales, busca esos elementos que le permitan estar a bien con todo el mundo, porque no depende de la aceptación de los demás para sentirse bien.

Una persona que no se respeta es estricta con los protocolos y es exagerada en el trato, demasiado amable, sumisa, porque no actúa por su propio criterio, sino que se mide en función de la aceptación de los demás, es decir, del criterio de los demás.

Una persona que no se respeta es agresivo, despectivo e intolerante, ya que no soporta que se pongan en dudas sus ideas, su posición. De nuevo, su respeto a si mismo depende de que los demás muestren ese respeto, o ese miedo. Si eso ocurre, duda y se desmorona. (Un fanático es aquel incapaz de pensar por sí mismo y que el respeto a sí mismo depende que seguir estrictamente unas reglas y que nadie ponga en duda esas reglas, porque si desaparecen esas reglas desaparece todo lo que le mantiene como persona).

Finalmente, una persona que no se respeta a sí mismo corre el riesgo de no ser respetado por los demás, sobre todo por otros sin respeto a si mismos. En un extremo, quizás puede inflingir miedo, pero no respeto. Y en el otro extremo, una persona que no se respeta a sí mismo da espacio para que otros inseguros afiancen su propia posición a su costa: es como marcar un gol en portería vacía, entrar en una ciudadela con las puertas de la muralla abiertas, robar un coche abierto y con la llaves puestas.

En resumen, una persona que se respeta a sí misma no deja en manos de la aprobación de los demás lo que hace o lo que debe sentir por si mismo.
 
 


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