Escuchando como hago ahora a Bruce Springsteen, con su Outlaw Pete, todo me parece posible. Efectivamente, seguiré saliendo. Creo que cuando toque la hora de paseo en el geriátrico yo me iré a tomar unas copichuelas.
Todos estamos de acuerdo en que el mundo de relaciones entre sexos se ha puesto muy difícil y, al menos por mi parte, cuando voy de fiesta es como cuando tenía 7 añitos, con colegios segregados por sexos. Los niños con los niños y las niñas lejos. Por ello también voto por la posibilidad de conocer gente fuera de esos círculos y por la cada vez más sabia jugada de esconder mis apetencias. Sí, siempre me ha avergonzado decir que quería tener una relación con una chica, como si hubiese algo intrínsecamente malvado en ello. Y creo que me enrocaré de por vida en esa apuesta.
Mientras tanto, seguiré viviendo la vida de libertino que he aprendido a amar. Este año que ya se cierne sobre nosotros no me pienso privar ni de conciertos, ni de viajes, ni de copas, ni de caprichos para alimentar mi ya menguada materia gris. Sé que suena individualista, autocomplaciente y hedonista pero no veo otra salida.
No voy a preocuparme por otra persona hasta que me demuestre que realmente merece la pena. Y eso me entristece puesto que estamos creando pequeñas islitas de egoístas (me incluyo el primero) redomados que sólo se preocupan por vivir el presente, renegar de sus seres cercanos y desconfiar del otro sexo por costumbre.
He leído por este foro que hay personas que han aprendido de sus errores y han dejado de ser unos "pagafantas" con el tiempo. A mí me está costando soberanamente. Y no me refiero a pagar unas copitas sino literalmente pagar con dinero un gesto de cariño, un acto de acercamiento hacia mí, una afinidad. Yo sé lo que valgo y que tengo una personalidad, unos talentos, un encanto y una hombría aptos para cualquier mujer de la media. Sin embargo, los números son implacables y el tiempo no me da la razón.
He tratado muy bien a las mujeres, las he comprendido en sus días malos, las he escuchado con respeto, he sido divertido, ocurrente, bromista, entusiasta, hábil, inteligente, quizás demasiado rebuscado... me he desvivido por ellas. ¿Planear un viajecito romántico con compritas (lo único que no estaba pagado), una comida en un restaurante japonés, una estancia en un hotel de cuatro estrellas? Lo que haga falta y yo encantado y amorosamente confiado en que podía funcionar, en que hacía lo correcto.
¡Meeeeeeeec!
ERROR
He sido honesto, he sido caballero, he hecho mis deberes, me he forzado por ser sociable cuando realmente soy un tímido de campeonato... nada vale, nada es apreciado, no servía de nada.
He hecho todo lo que estaba mi mano. Entonces, ¿para qué preocuparse? Es un trabajo improductivo, un terreno baldío, un partido perdido cuando el árbitro echaba la moneda al aire, es el concepto psicológico de la "
indefensión aprendida".
Sin embargo no estoy abatido, no todavía. Estoy en el buen camino y, de todas formas, ser soltero está bien. Siempre he ido contracorriente, vaya novedad. Así que seguiré saliendo, aunque la batalla esté perdida. Nunca me gustó especialmente codearme con decenas de hombres en la barra de un bar. Afortunadamente tengo a mis amigos y ellos sí aprecian mi humor, mi gracia, mi arte y mi habilidad de conversación. No me los quiero f****r pero sé que si fuesen mujeres ya hubiesen sido mías hace tiempo. Ellos me han dado la oportunidad de convencerles de que, siendo como soy, merezco la pena. Ellas, por contra, ni me dejaron hablar. No en un bar.

- ¿Desea algo más, señor?
- Eres cojonudo, ¿lo sabías? Tú, tú si que me comprendes...