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Usuario Experto
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El encuentro de la madurez en el amor


Cuando uno hace un viaje y desconecta de la realidad cotidiana tiene más tiempo para pensar en cosas a las que en días normales no puede dedicarle más que flashes momentáneos de atención. Este fin de semana he tenido una de esas oportunidades, como en un oasis en mitad del desierto.

He reflexionado acerca de cómo entiendo yo una relación madura. Echando la vista atrás sólo para lo imprescindible, para el contraste y para entender mejor los cambios que inevitablemente tenemos todos cuando nos encontramos y nos comprendemos. Espero que éste sea un hilo abierto y pongamos todos nuestra idea de qué podemos entender como un amor evolucionado.

El amor adulto…

…NO es una idealización.

Cuando somos más jóvenes frecuentemente tenemos la visión del amor que hemos elaborado con las enseñanzas de otros (cine, televisión, novelas, revistas, otros amigos…), y pensamos en la relación idílica en la cual chico-conoce-chica (o viceversa) y quedan, automáticamente, prendados el uno del otro y son felices y comen perdices para siempre. O miramos a esa chica o chico y lo convertimos en un semidiós capaz de todo. Magnificando sus virtudes y obviando sus carencias, o directamente fabricando las primeras para que cuadre en el arquetipo mental que tenemos.

Cuando hemos vivido aceptamos, y amamos, a las personas como son. Con sus virtudes y también con sus errores. Porque, al menos en lo que a mí respecta, las imperfecciones son nuestra huella, lo que nos hace ser como somos, y distintos a los demás. Amar la imperfección es amar la vida misma. Y encontrar a quien sólo busca la excelencia es cansado, aburrido y una llamada de alerta sobre la inconveniencia de la persona en sí en nuestra vida.

El amor adulto…

…NO es un juego de intereses.

Porque si en lugar de encontrar a una persona lo que se busca es un sustituto del padre o la madre, una catapulta social o un enfermero sentimental la relación está viciada desde el principio. Yo no quiero una mamá sustituta porque ya tengo una. No necesito nadie que me pague los vicios que no tengo, que me dé un status que no deseo ni alguien que me cure de los dolores de la vida porque para eso me tengo a mí mismo.

No me gustan las princesas, ni aspiro a ser príncipe para nadie. Si antes consentí alguna vez que me usaran ahora soy plenamente consciente de mi Ser y no acepto transacciones emocionales, ni tampoco ser yo quien eduque, sostenga o cure a nadie. Y mi realidad actúa en consecuencia. Cuando se cambia de paradigma dejan de acudir determinadas personas y aparecen otras, más en sintonía con lo que pensamos. Es una realidad mágica derivada directamente del cambio de pensamiento.

El amor adulto…

…NO es algo estático
.

No es algo que termina justo en el momento en el que te unes a alguien. Es algo dinámico, evolutivo, que crece o decrece en función de la propia evolución personal y de tu pareja. Es un ente común, distinto de ti mismo, que hay que alimentar, enseñar a andar, hablar y ver crecer, exactamente igual que un ser humano. Que no termina el día de la boda, sino que lleva una vida de cuidados.

El amor adulto…

… NO es una cuestión física, ni mental.

No funciona con tiempos, ni con atracciones fatales, ni con azares, ni con oportunidades. No depende de la fachada exterior, y si lo hace es que no se encuentra lo suficientemente evolucionado. No es una fotografía que podría decorar la marquesina de un autobús. No puede describirse en un libro ni como una receta médica. No es algo que ostentar, ni de lo que presumir. No se gasta cuando surge un problema, ni se calcula como el interés compuesto. No necesita tiempo para decidirse. No anula a la persona que lo vive. No se anhela como una droga. No se vive como una adicción a sustituir en camas llenas de piojos de cualquier bodegón de puntapié, ni en cuerpos ajenos. Se VIVE, o no. Pero no se simula.

El amor adulto…

… Continúa tú.
 
 


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