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Guest
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Hay un fenómeno que se repite tanto que incluso ha aparecido en alguna película. Es algo que a mí, en su momento, me causó el gran trauma de mi vida.
Si han visto la película "Grease", el tema principal de la película es que el protagonista Danny, un macarrilla, se enamora en el verano de una angelical Sandy, que además entra ese año en su mismo instituto. Ella es perfecta, digamos, porque al fin y al cabo si te educan bien te educan para ser una buena persona, y de buenos modales, o eso suelen querer los padres que llevan a los hijos a colegios "de pago".
El problema es que él es un duro y no puede dejar que sus amigotes lo tomen por un débil enamoradizo. Al final ella se convierte en una dura, como una forma de ser niña y de integrarse al mundo "real" (o al menos, juvenil).
Cuando yo ya estaba en la Universidad en realidad, me gustó un verano una chica tres años más joven que era, para mi gusto, maravillosa. Yo era tímido, y aunque ella en ese verano estaba loca por mí, cosas de adolescentes, no pasó nada, pero durante el resto del año pude enterarme que todo coincidía con la imagen que tenía de ella: era una empollona, delegada de su clase, tímida y "buena chica", al mismo tiempo que atractiva. Una Sandy.
El caso es que no tuve ocasión de acercarme más, pero podía saber de ella. Entonces le tocó ir a la Universidad, fuera, y al volver en Navidad percibí algo raro. Coincidimos en la fiesta de Fin de Año pero ni me hizo caso. Se había cambiado el color del pelo, bailaba con los chicos de dos en dos.
Para la Semana Santa siguiente estaba decidido a darme a conocer, pero antes de dar el paso, rondándola en una fiesta, la vi tratar con sus amigas y amigos: no me gustó nada. Era una chica muy tonta, con mucha afectación, que fumaba "con estilo"... Ahora era la Sandy del final de la película.
La cuestión es que, tonto de mí, por aquél entonces ni siquiera se me ocurrió pensar que había cambiado, sino que yo me había confundido totalmente con ella. Y eso me afectó mucho, porque durante muchos años ya no me fié de quién parecía que me gustaba, sino que temía que todo fuera un espejismo. Incluso dejé de buscar a chicas que fueran "mi tipo" porque pensé que en realidad eso no eran sino fantasías de Disney. Empezé a pensar que debía dejar de pensar en Sandys y fijarme en las amigas de Sandy, menos ideales pero más tratables.
Sólo con el tiempo, recordando, y habiendo aprendido de la vida y de la gente, y de psicología por fascículos, he sabido que las personas muy correctas pueden estar sometidos a tal presión, en esa obligación que sienten de ser perfectos, y que muchas veces no se premia ni se agradece, porque la vida no es justa, que un día estallan, se rebelan, incluso pierden el rumbo y la fe. Porque tampoco Grease habla de la realidad, sólo es una película y en la vida real tal vez Danny sería drogadicto.
Esto en realidad me ha pasado dos veces, o de forma parecida, y la segunda no con una adolescente sino con una divorciada pija que parece que decidió "vivir la vida" y se echó de novio a un motero con coletas, para incredulidad de todo su entorno.
Mi aprendizaje es que no te fíes de las "buenas chicas" o "los buenos chicos". Que nadie es perfecto, y muchas veces cuando lo parecen es que intentan seguir un guión, quizás incluso autoimpuesto.
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