|
Verá, ha de disculparme por esta impertinencia, pero no puedo acompañarla en el paseo de las cuatro y media, por el parque, según lo habitual.
Mire usted, sé que le va a impactar e incluso disgustar lo que le voy a decir, pero no puedo continuar con esta amistad porque estoy profundamente enamorado de su persona.
Es por ello que le pido que, mientras me restablezco, en sano retiro espiritual y meditación monástica, se abstenga de contactar conmigo.
No se entristezca, pues tan pronto como sea posible, recuperaré su amistad -si me permite, evidentemente- para disfrutarla, como antaño, pues es usted realmente una persona única con la que he tenido momentos realmente felices. Tómese esto como un breve paréntesis.
Por favor le pido que no me mire si nos encontramos por la calle. No me mire con ojillos tristes de gato con botas, que un servidor no es de piedra. Caramba, no me haga la faena, que la conozco como si la hubiera parido (con perdón) y lo mismo esto interfiere en la necesaria recuperación, para retomar la agenda habitual.
Merecerá la pena. Confíe en mi. Por nuestra amistad. Lo mismo hago las maletas para irme a Australia; la tierra del tiempo del sueño (aborigen). Es que me ha dado por estas cosas. Le traeré un souvenir. Nada de boomerangs, que eso está muy visto.
Hasta pronto, si Dios quiere.
Con todo mi afecto, desde las tinieblas de la friendzone.
[Fin de transmisión del whatsapp]
|