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¿Pensáis que es posible analizar el amor o los sentimientos desde la perspectiva que ofrecen la razón y la lógica?
Yo entiendo que no, que difícilmente puede imperar la lógica cuando en el campo de batalla se enfrenta a un rival tan ajeno a ella como es el que conforman los sentimientos, un rival de ordinario más poderoso que la razón y ante el que ésta apenas si puede oponer una resistencia mínima. Es más, pienso que si la lógica imperase, difícilmente podríamos enamorarnos nunca, pues ésta nos conduciría por el camino del autocontrol y del equilibrio (senda tranquila que, como tal, no resulta nada propicia a los huracanes del amor). Pero por fortuna no es así y, a pesar de los obstáculos, a pesar de las desazones, a pesar de la ansiedad, a pesar de esas lágrimas que de tanto en cuando adquieren independencia y brotan autónomas de nuestros ojos, a pesar de ese pensamiento que una y otra vez se empecina en dirigirse a los mismos páramos, a pesar de los racionales dictados que abogan por una vida sin sobresaltos, a pesar de esa lógica que nos incita a la serenidad e incluso al olvido, a pesar de todo, el ser humano tiende una y otra vez a dejarse punzar por esas afiladas saetas que perforan el esternón y se ensartan en el alma.
¿O no?
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