Vale que quizá no sea una fuente de energía con la que hacer funcionar aviones, coches, máquinas, empresas..., como pudiera serlo el petróleo; pero sí que creo que el amor es la mayor fuente de energía con que cuenta el ser humano para mover los engranajes de la ilusión.
Pocas fuerzas de hecho hay más poderosas que la que encierra el amor. Tan poderosa es que te puede llevar a volar sin alas, a subir montañas y cruzar desiertos tan solo por disfrutar de una caricia, de un beso dado por los labios de la persona amada.
Ya no es sólo que el amor te haga sentir vivo, sino que es en sí mismo vida, una copiosa alfaguara de la que mana la vida en su más prístina esencia, huera de máculas, lacras y calamidades.
Es de hecho la mejor medicina para el espíritu, el auténtico bálsamo de fierabrás capaz de restañar cualesquiera heridas de que pudiera adolecer el ánimo, la piedra filosofal que convierte la oscuridad en fulgor, la tristeza en alegría, la desesperanza en ilusión.
El amor es poesía, es la poesía del alma, el verso que, transparente como el alabastro, brota desde dentro para en silencio deslizarse a través del roce de los cuerpos, de una mirada refulgente o de unos labios que palpitan ante la emoción de otros labios afines.
¿Es o no es entonces fuente de energía?