|
Veamos, empecemos.
Hace unos 3 años y algo más, me dio un flechazo, pero instantáneo, a una chica. Marina. En aquel entonces, no le daba mucha importancia tampoco al amor, tenía muchas más cosas en las que pensar.
Ahora bien, ese verano empecé a amarla cada vez más, y la echaba de menos (solo la veía en el colegio). El primer día, la miraba siempre que podía, ¡y qué bien que me sentía! Era la mejor sensación, la de ese loco amor, que había experimentado jamás. El mes siguiente, sin embargo, una amiga en la que confiaba le dijo que era un p*** loco acosador que no paraba de mirarla y hablar sobre ella, lo cual era en parte cierto, pero ella lo dijo de manera exagerada y cruel, según me contaron. Al día siguiente más o menos, esa "amiga" mía le propuso escribirme una carta de rechazo. Ella lo hizo. El día en el que me rechazó no sentí nada malo. El dolor llegó con dos meses de retraso, tal vez los que me llevó superarla. Durante cinco meses seguidos, las noches eran llorar sin parar. Y sufría hasta el punto de querer el suicidio. Fácil, vivía en un cuarto piso.
Los dos meses que quedaban antes de las vacaciones la evité de forma extrema. No me permitía mirarla, pensar en ella, me alejaba de su camino...
Las vacaciones las aguanté, pero terminé echándola de menos.
En septiembre del año pasado, el primer día del curso, me dijeron que no había venido, y toda la ilusión de empezar el curso se fue a la m**r*a. Por suerte, más tarde apareció.
Para abreviar esto un poco, dentro de poco nos vamos a la nieve por una semana, a un hotel. Y han planeado hacer un juego de la botella. Cuando me enteré entré en absoluta depresión. Porque Marina también jugaba. El único pensamiento de que se bese con otro chico me hace entrar en pánico. Y ese dolor que pensaba tener controlado me está volviendo a dominar.
¿Alguien me da un consejo, por favor?
|