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Antiguo 13-Feb-2013  
Usuario Experto
Avatar de Delph2220
 
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Bueno, chicos y chicas... ¡Qué decir! Estoy desolado. La última semana de enero hice, una vez más, un intento por contactar con chicas para iniciar una amistad. Una vez pasado y olvidado mi idilio veraniego con una chica del Sur, he decidido volver a darme una oportunidad con gente de mi entorno. Para ello puse un anuncio en prensa.

Yo sabía que me iba a seguir dando tortazos contra la cruda realidad pero mi instinto me sigue presionando para que encuentre no ya a la mujer de mis sueños sino a una mujer, la que sea.

Ese mismo fin de semana recibí dos llamadas. Quedé con la primera a las puertas de un supermercado pero me dio plantón (no sería la primera vez). Para más inri a mi vuelta a casa, con el rabo entre las piernas, empezó a llover y soplaba el viento como si hasta la misma naturaleza se burlase de modo bravucón de mi desgracia.

Eso sí, me llamó por teléfono y me dio una explicación... que me hundió todavía más. Ella tenía cargas familiares y no quería abrumarme con esa responsabilidad. Había estado allí y me había visto. O sea que con un solo parpadeo ya analizó mi capacidad no sólo como posible amistad o pareja sino como padre. Y suspendí estrepitosamente. Todavía sigo con esa mancha en mi estima, acumulada una y otra vez en el cajón de mierda de mi historial amoroso.

La siguiente llamada fue de una chica muy inestable emocionalmente. Después de haber postergado nuestra primera cita para un día de entresemana me comentó a la siguiente vez que no podía quedar porque trabajaba. Incomprensible. Fue entonces cuando vino una especie de espameo brutal con la intención de quedar, con mensajes similares una y otra vez. Con una respuesta mía algo arisca dejó de mandarme nada más, incluso se le quitaron las ganas de quedar conmigo.

Por último, y aquí viene el tema que quiero tratar, contacté de manera insospechada con otra chica. Empezamos a comunicarnos por Whatsapp muy amigablemente e incluso con chistes y gracias. La cosa prometía. Sin embargo, ella me advirtió que en principio no buscaba nada. Todo había sido una broma por parte de ella y una amiga, la cual era la principal inductora pero que al no tener Whatsapp y, sobre todo, haberse echado atrás, imagino que por verguenza, fue la primera amiga la que se llevó el gato al agua.

Y digo yo, ¿es normal para algunas chicas hacer bromas con personas deseosas de encontrar cariño y algo de calor humano por prensa, internet o cualquier otro medio? Igual es un pasatiempo de moda y yo no me he enterado. En cualquier caso, no lo pensé mucho debido a que hablabamos todos los días y, que demonios, la cosa pintaba bien.

Todo esto hasta el jueves pasado, que fue cuando quedamos en persona, algo que me gusta provocar cuanto antes, sobre todo porque tengo treinta y muchos años y ya no me apetece perder el tiempo en jueguecitos virtuales. Esa tarde, ya bien oscuro, con frío y una nevada que empezaba a despuntar, me encontraba yo en una famosa plaza de mi ciudad. La chica tardaba, así que pronto empecé a desfondarme, a perder pie, confianza y moral. Me dieron unas ganas tremendas de salir de ahí llorando y, desanimado, llamé a mi madre buscando algo de consuelo. Afortunadamente enseguida pude comprobar cómo alguien había respondido a mi llamada.

Bueno, dicho rapidamente, diré que era una chica majísima, un poquito mayor para mi gusto pero perfectamente compatible conmigo. Nos tomamos un chocolate caliente, departimos amigablemente sobre un viaje que tenía ella en breve a la misma ciudad que yo había visitado el año pasado. Eso nos dio un nexo en común que pude aprovechar. Fui abierto, alegre, amable, cortés, quizás no tan chisposo y cómico como en otras ocasiones. Ella me notó nervioso y, que diablos, cómo no estarlo. Para mi era como si fuese una entrevista de selección.

Por un momento imaginé, como tantas otras ocasiones me había pasado (incluso en la misma chocolatería, que ya era un lugar de encuentro habitual para esos menesteres), que daba igual lo que yo hiciera, que fuera gracioso, con comentarios inteligentes, emotivo o educado... fueron destellos pero me centré en lo que tenía entre manos. Coño, hice lo que pude. Mi mejor camisa, mi mejor sonrisa, incluso le llegué a tocar un poco el hombro, con lo que a mi me cuesta el contacto físico con personas practicamente desconocidas.

Nos despedimos tras dos horitas y media de charla yo creo que muy agradable. Ella me dijo que se lo había pasado bien. Nos despedimos con un beso. ¡Es que pintaba muy bien! Esa tarde desterré al derrotismo y la impotencia.

Sin embargo, tras ver las reacciones del fin de semana pasado y los primeros de esta, sólo puedo pensar en una cosa. No sé lo que hice pero la cagué. Y me vuelvo a hundir en la frustración y la decepción más absolutas al ver cómo parece que gusto, parece que me desempeño más o menos bien... pero me derrotan en el primer round. ¡No es justo!

O tal vez sí lo sea, tal vez yo no tenga derecho a tener pareja o a formar una familia. Y quizás sí lo tengan esos hombres que ridiculizan a sus mujeres, que las mantienen en un estado continuo de vejación, que se acuestan con todo lo que se mueve, que educan deficientemente o no escolarizan a sus hijos, que son zafios, groseros y violentos.

Cada día que pasa sé menos sobre las mujeres. O cada vez sé más y lo que veo no me gusta un pelo. No me lo puedo creer. Prefiero confiar y, pese a todo lo que he visto y lo que me han hecho, siempre daré un voto de confianza a las mujeres... por mi madre, por mi hermana y las escasas mujeres de mi vida que me han demostrado lealtad, cariño, comprensión y belleza. Definitivamente, creo que no estoy destinado a entrar en su mundo. Tampoco en el degradado universo de la prostitución o las "relaciones basura".

En fin, nada más, sólo decir que quizá sea demasiado pronto, ojalá no me cierre esa puerta a una amistad tan pronto. Que pueda seguir hablando con ella. Por favor, ¿a quién hace daño eso? Hablar, nada más. Dejadme hablar, dejadme demostrar que merezco la pena. ¿Es que no lo veis?

 
 


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