He estado leyendo mucho acerca de las expectativas. La mayoría de las veces se defendía que en la vida siempre hay que tener buenas expectativas, de ese modo te muestras más animado, motivado o con energía (o esperanza, como quieras llamarlo) con la intención de que las cosas mejoren. En otras palabras, estaba acostumbrada a leer que es necesario mirar al porvenir y a los personas con buenos ojos, siempre pensando y esperando lo mejor de ellas. De esta manera, evitamos influir con nuestros pensamientos en las futuras acciones de los demás. Esto es lo típico de "si piensas mal de alguien, harás inconscientemente todo lo posible para que las atribuciones negativas que asocies a esa persona se confirmen". Estarás al acecho de que haga algo mal para que digas "ves, tenía razón"

Y esto es verdad, y estoy de acuerdo en que siempre tenemos que intentar tener una buena imagen de las personas que nos rodean. Sin embargo, en un intento de analizar el origen de mis frustraciones he caído en la cuenta de que... están en las expectativas. Da igual que éstas sean buenas o malas. Tener expectativas en sí.
Las expectativas es aquello que esperas de algo o de alguien. Esperas que suceda o que haga porque, o bien te lo mereces (debido a tu esfuerzo) o bien es lo que debería (porque es mi pareja, porque es mi mejor amiga/o, porque es mi padre, mi madre, etc). Si sucede, está genial, pero si no sucede... tristeza.
Sé que algunos me diréis: "eh, pero serotonyna, en la vida es necesario tener expectativas, metas, objetivos... para avanzar". Estoy de acuerdo, en la vida hay que tener un mínimo de expectativas en el sentido de que hay que marcarse unos objetivos, unas metas que aunque al principio sean utópicas, nos animen a conseguir lo que queremos. Que lo consigamos o no es otra cosa.Y claro, hay que pensar un poquito que lo vamos a conseguir, porque si no... ni lo intentamos.
Sin embargo, una cosa es el pensar "no sé si lo voy a conseguir, pero me gustaría que ocurriera. Me voy a esforzar para aumentar las posibilidades de que eso ocurra"; y otra cosa es el pensar "espero conseguirlo porque me he esforzado muchísimo". La diferencia entre ambas es que en la segunda, sin quererlo, estás exigiendo o depositando una alta confianza en que aquello se produzca como premio a tu labor. La primera es un pensamiento controlable, el segundo no. Pueden influir miles de cosas que hagan que tu meta no sea posible, a pesar de tu esfuerzo. Y aquí es donde quería yo llegar.
¿Cuántas veces hemos esperado de nuestras parejas acciones que no han llegado? ¿Cuántas veces me he frustrado por ello?
Y aquí es donde me di cuenta que, la mayoría de las expectativas que tenía sobre mi pareja eran INCONTROLABLES. Espera cosas de él, que yo pensaba que debería hacer por ser mi pareja y cuando no llegaba era: frustración, peleas, incomodidad, decepción.. y miles de sentimientos negativos más que no hacían otra cosa que minar la relación.
Hasta hace poco he aprendido a vivir sin expectativas, y sí las tengo, al menos comunicarlas. Nuestras parejas no son videntes señores. No saben lo que queremos por arte de magia. Y hay más de un empanado por la vida (incluida yo) que aunque quiera mucho a mi pareja, si no me comunica lo que desea, no lo voy a hacer. Si vuestras parejas os quieren, van a hacer todo lo posible por contribuir a vuestra felicidad. Di lo que desea y ya será responsabilidad del otro, ver si las cumplirá o no.
Así pues,
os propongo un ejercicio.
Pensar en tres expectativas que tengáis hacia vosotros, hacia vuestra pareja (o ligue), hacia vuestra familia, hacia vuestros amigos/as y hacia vuestros proyectos. Una vez que lo tengáis, pensar si esa expectativa es controlable o no. Por ejemplo: "Espero que mi pareja nunca me deje" ¿Puedes controlar esto? No. Y así sucesivamente.
La idea es que, penséis si vuestra frustración se debe a una acumulación de expectativas INCONTROLABLES. Aprender a vivir aceptando que muchas cosas no podemos controlar, es liberarse de estas expectativas que muchas veces nos están impidiendo avanzar y están dificultando el manejo de nuestras emociones.
¿Eres Dios? No, no puedes controlarlo todo.
Acéptalo.
No, no puedes controlar que tu pareja no te deje por todo lo bien que la has tratado.
No, no puedes controlar tener éxito en la vida por todo lo que te has esforzado en tus estudios.
No, no puedes pretender caerle bien a todo el mundo por todo lo buena gente que eres.
Pero sí, sí puedes controlar tu forma de afrontar estas situaciones. Sí, si puedes controlar lo que te dices a ti mismo sobre lo que pasa. Y sí, si puedes controlar los sentimientos negativos y hacer que pesen más los positivos.