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Usuario Novato
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No sé si será que no estoy en el lugar o época que me corresponde. Desconozco si la educación recibida en casa no ha sido la apropiada para lo que hoy observo en todos los campos que me rodean.
Una cosa sí sé, o cambio o la infelicidad se prolongará hasta entrar en una dinámica de la cual, salir será irrealizable.
Hace unos 9 meses escribí sobre una historia que hasta ayer fue más una aflicción que un gozo.
Pero ayer fue el día en que lo vi realmente claro. No considero que este año de relación con esta persona haya sido una desgracia o una pérdida de tiempo, sino más bien una enseñanza que no recibí en su momento.
El detonante para terminar con la relación, fue encontrarme a su ex (mi jefe) con ella en su coche viniendo de tomar café, yo lo imaginaba así que esperé y cuando esperas encuentras. Es ese momento en el que has llegado a tal punto de desconfianza por su currículum, que te preguntas qué estás haciendo ahí.
Cuando eres una persona tranquila, que lo único que desea es formalizar la relación, puesto que sientes estar preparado para crecer como persona; no entiendes porqué estás en una posición que no has deseado nunca.
No soy feo, más bien lo contrario, tengo un trabajo y no me va mal, una casa. Pero quizá me falta lo más importante, confianza en uno mismo; siempre me pasó, desconfío tantísimo de lo que me rodea, que muchas veces perderé oportunidades. Esto es producido por lo que ya comenté, la educación.
Sé que tengo mucho potencial, tanto intelectual como físicamente, siempre lo supe, no por el hecho de que siempre me lo digan, sino porque me conozco, pero creo que el hecho de que se me haya exigido tanto, en casa, durante las etapas de infancia y adolescencia, me ha pasado factura. Compañeros del trabajo siempre me lo hicieron saber, aunque sutilmente obvio, “¿cómo es posible que estés con ella después de lo que vemos y escuchamos de ella? Etc.” El hecho de vivir sólo estos dos últimos años, me ha hecho encerrarme en mí mismo, falta de cariño, atención, qué se yo.
Te encandilan rápidamente y aunque te cuente, ella misma, historias estremecedoras de su pasado, te sientes retenido en una vorágine de sentimientos, soledad-necesidad y caes, vuelves y así una tras otra. Hasta que llega el día en que no aguantas más, llegas a ese punto de dolor que de tanto padecimiento, sientes que ya ni duele.
Lo duro comienza ahora, cuando llegas al trabajo y la ves con solo girar la cabeza 30º, la escuchas sin querer hacerlo y lo más complejo, ver como ahora el otro va a su sitio constantemente, hablan por hablar, o más bien por dañar.
No siento ser mala persona para tener que pasar por esto, pero qué es justo. Nadie me obligó a meterme en esto, así que ahora a afrontarlo.
¿Mis amigos? Ya nada es igual, no salen, las parejas…
Estoy tan dolido que no tengo fuerzas de continuar escribiendo, no sé si cogerme unas vacaciones y no ver las caras, pero creo que no es la solución para afrontarlo y menos aún invertir mis días de disfrute para amargarme. Pues no me siento con las ganas necesarias para irme a ningún sitio, sino encerrarme y evadirme con algún libro, alguna serie o un simple juego. Es contraproducente pero tristemente es así, no por el hecho de disfrutar sufriendo, sino por la simple razón de no tener en estos momentos la voluntad suficiente de hacer un cambio, aunque sepa que sería lo recomendable.
Simplemente quería escribir algo, por expulsar.
Ni tan siquiera merece la pena desearle ningún mal o decir cosas que puedo pensar de esta persona, pues eso no me lleva a ningún sitio. Únicamente deseo poder mirar un día a esta persona y no sentir nada por ella.
Gracias por compartir vuestras historias, nunca suelo participar en ellas (aunque leo todas las que tengo oportunidad) porque no me gusta hablar sin la suficiente información y aquí, en la mayoría de post intervienen más de una persona, y solamente podemos leer la opinión de uno de los protagonistas, así que prefiero reservarme, pues no me gusta expresarme sin la suficiente información para ello.
Y gracias por permitirme el desahogo, un saludo y aunque sea utópico y tópico, miremos por esa persona que nos acompaña, tanto como miramos por nosotros.
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