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Si tengo que hacer un cálculo de lo que duermo en la semana, teniendo en cuenta que el domingo me acueste a la hora que me acueste, le pego como mínimo 8 horas, debe andar por las 5 horas. Mi pareja por el contrario es capaz de dormir casi el doble que yo.
Es una suerte inmensa porque me permite las noches que dormimos juntos, escribir o leer a mis anchas.
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