Observemos la imagen (quieta).
Una copa al fondo se identifica con la claridad, y las dos caras de perfil y mirándose, representan las sombras.
Pero, ambas imágenes al mismo tiempo no la podemos percibir al ismo tiempo. Es decir, cuando una aparece la otra se vuelve fondo; y sin embargo la imagen no cambia de forma, lo que cambia es cómo nuestro cerebro organiza lo que ve y rellena lo que cree necesario para darle sentido, según su experiencia de vida, según lo que ya conocemos, lo que nos esperamos encontrar y/o lo que necesitamos encontrar para no irnos a la deriva.
Esta imagen no miente al presentarnos una realidad, pero sí nos demuestra que cuando la miramos, ya previamente elegimos sin quererlo qué interpretación aceptar.
Así es como podemos deducir que la realidad no siempre cambia; a veces, lo único que cambia es la perspectiva, desde el que nos atrevemos a mirarla.