Corazón de zagala.
Cuando me detengo a contemplar el cosmos,
observó a lo lejos miajas de color brillante;
que brotan de la bóveda celeste,
sin rumbo fijo, perdiéndose en la nada.
Ápice de estrellas que caen y caen sin cesar,
purifican tú alma, taciturna y bella;
entenebreciendo mi corazón, beodo abyecto,
como patinas de luz, azuzadas en el firmamento.
Tunanta zagala de bella algazara,
de bellos contrastes, estrella gigante,
estrella binaria, romanza que encanta;
que anuncias al morir la noche,
el final inaudito de una vaga ilusión.