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Resulta que ayer por la noche, volviendo a casa, me retrasé un poco y pedí el transporte que suelo coger para el regreso, así que unos minutos más tarde de lo habitual me encontraba yo en la estación del transporte público de turno esperando el siguiente transporte cuando una chica, supongo que unos cuatro o cinco años más joven, también con su movil en las manos y con su whatsapp encendido empezó a darme charla mientras esperaba a su transporte, que salía minutos antes que el mío.
Al principio no reparé en ella, de hecho, casi ni la miré, pero como ella seguía diciéndome cosas aunque yo estaba con el Whatsapp hablando con un amigo y con los cascos oyendo música, más o menos oía lo que decía aunque no le hice demasiado caso. Poco antes de que se fuese la miré bien y vaya, no estaba nada mal.
Una vez me senté en el asiento empecé a pensar qué extraño que una desconocida se esforzase en darme conversación y parecer simpática, no es habitual y yo que tonto que no apenas le hice caso cuando podría haber sido más agradable. Y es que resulta que ese tipo de situaciones, aunque casi nunca llevan a ningún sitio, no suelen darse, nadie suele tratar de socializar con desconocidos que coinciden esperando un transporte, todos vamos con los móviles muy entretenidos, concentrados y conectados con personas que no están físicamente ahí y dejamos quizás escapar ocasiones de conocer gente nueva, que en ese momento coinciden con nosotros en un mismo lugar.
Me pregunto si vuelvo a perder mi transporte habitual si me la volveré a encontrar y si me dará charla. Habremos de verlo. El caso es que la chica no estaba nada mal y quizás también fue por eso que yo no le presté atención, porque ese tipos de cosas, a los tíos como yo, no nos suelen pasar.
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