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Antiguo 09-Apr-2009  
Usuario Experto
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Registrado el: 05-January-2009
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Cuando hace un tiempo tomamos la decisión de contraer matrimonio, todo era color de rosa: el amor que sentíamos parecía indestructible, capaz de soportar la peor de las tempestades. Seguramente sobrevivimos a más de una crisis, pero por algún motivo, la relación se terminó. Nos dimos cuenta de que no había vuelta atrás, y llegó esa realidad tan frecuente y sin embargo tan temida: el divorcio. Si bien para algunas personas el divorcio implica un alivio, de cualquier manera no deja de representar un duelo con el que hay que lidiar. ¿Cómo seguir adelante?

Rehacer la rutina
Lo más difícil son aquellos primeros días, en los que nos encontramos viviendo nuestra vida de siempre… pero sin el otro al lado. Para sobrellevar este tiempo, lo mejor que podemos hacer es refugiarnos en aquellos pequeños placeres que ahora podemos permitirnos: una ducha larga, almorzar viendo televisión, salir a caminar por el parque. No conviene repetir exactamente la rutina que teníamos con nuestra pareja, porque esto haría notar aún más su falta. Pero tampoco podemos dejar de hacer nuestra vida de siempre y transformarla de manera radical. Lo ideal es ir introduciendo gradualmente pequeños cambios, alternativas que nos hagan bien y que al mismo tiempo nos indiquen que hemos empezado una etapa nueva, ni mejor ni peor sino distinta.

Refugiarse en los afectos
Como en cualquier etapa difícil, en el momento del divorcio ayuda mucho tener una mano amiga. Nuestros padres, hermanos y amigos pueden acompañarnos si necesitamos hablar, salir un rato o si simplemente nos sentimos solos. Atención: nunca deposites esta carga en tus hijos, ya que ellos también están lidiando –como pueden- con el divorcio de sus padres. En realidad, tú debes acompañarlos y ser su soporte. Tampoco intentes tapar la soledad con muchas personas: irte a vivir a una casa con cinco amigos que se la pasan de juerga, para intentar hacer de cuenta que todo está bien, sólo retrasará el proceso del duelo.

Mirar hacia delante
Cuando nos encontramos pasando por una etapa dolorosa, como puede serlo el divorcio, no nos sentimos capaces de planificar nada para nuestro futuro. Sin embargo, es aquí cuando más debemos mirar hacia delante y empezar a hacer algunos planes. No hace falta que pensemos en nuestro proyecto de vida de los próximos veinte años, sino en cosas más inmediatas: cambiar el automóvil, hacer un viaje relámpago a algún lugar que deseemos conocer, empezar un curso de teatro o retomar nuestro deporte favorito. Con proyectos en la mira nos sentiremos mejor al despertar cada mañana, y evitaremos estar todo el tiempo volviendo sobre los mismos temas.

No te culpes
Finalmente, lo que sí o sí debemos hacer es intentar cultivar la serenidad y el perdón, no solamente para con la otra persona, sino también con nosotros mismos. De nada sirve darse la cabeza contra la pared, sintiéndonos miserables y fracasados. Los matrimonios nunca se terminan por un solo motivo, y es importante aceptar que no toda la responsabilidad recayó en nuestras manos.

No culparse no quiere decir hacerse el distraído. Es bueno, cuando estemos más serenos, que reflexionemos sobre nuestros propios actos, y qué podríamos haber hecho diferente, sobre todo para no volver a cometer estos errores la próxima vez. Ahora parece algo imposible y muy lejano, pero no lo dudes: tarde o temprano, el amor volverá a tu vida.
 
 


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