|
Bueno, esta historia es bastante fácil de adivinar después de leer el título. He tenido varias relaciones, más o menos importantes para mi vida, y con cosas buenas y malas en todas, pero siempre con respeto, por la persona por encima de la pareja, porque prometer que algo es eterno es imposible, puede llegar a serlo, pero no puedes prometerlo.
Hasta que la conocí y me encontré una persona destrozada por circunstancias de su vida, pero que sentía que podía brillar, porque ya yo veía eso dentro de ella. Y di todo o que podía por ayudarla a salir de su pozo, y en cierto modo, lo conseguí, y eso me hizo pensar que podía salir mejor o peor, pero que la confianza y el respeto no podían fallar nunca entre nosotros. Pero fallaron, una traición que nunca entendí, acepté, ni supe procesar. Ni perdoné, aunque lo intenté con todas mis fuerzas, pero era incapaz porque me hice perder mi autoestima, mi confianza, mi fe… Ya han pasado dos años y la herida sigue abierta. Claro que no duele como entonces, pero sigo sintiendo que ya no soy quien recuerdo haber sido. Me cuesta creer en alguien, y sobre todo, me cuesta creer en mí.
|