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El problema es que la mayoría de la gente cree que lo que tiene que hacer es evitar tropezar con la misma piedra y no se dan cuenta de que la piedra la llevan encima.
Si una persona no sabe decir no y poner límites ante situaciones dañinas, que identifique a las personas que no convienen o que no lo haga, es indiferente, ya que aunque conozca el patrón, no será capaz de no caer en ello.
El truco se trata en que si una persona te hace sentir mal y vulnera tus principios personales, en lugar de quedarte ahí a verlas venir, se trata de marcharse a tiempo.
Para ello has de crear unos principios íntegros y firmes, que no sean negociables: por ejemplo, que mi pareja me trate bien, que se compromea conmigo, me respete, que no aparezca ni desaparezca a conveniencia, que no sólo me llame para tener sexo o que me escuche cuando tengo un problema, cosas normales y lógicas en las personas que te quieran como hay que querer. Si no tienes claro esto, cualquiera vendrá a imponerte tus intereses.
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