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Pertenezco a esa clase de chicas que, de pequeñas, siempre queríamos el juguete con el que nuestra hermanita jugaba, el caramelo del sabor que le tocaba al amiguito a nuestro lado, los crayones que estaba usando otro compañero en el jardín infantil. Soy amiga de lo ajeno, dirán algunos. Hoy ya no soy una niña, pero me gusta seguir jugando con pertenencias… de otras. Cuando veo que un hombre tiene novia, de inmediato me resulta irresistible. No puedo evitar poner todo mi arsenal para intentar robarlo. Por supuesto, no todos los hombres son iguales, pero por lo general se pueden agrupar en uno de estos tres tipos:
Presas fáciles
Hay novios que parecen pedir a gritos “ser robados”. Cuando un chico me dice que su novia se ha ido tres meses a viajar por el mundo con amigas, o que tienen una relación abierta donde se permiten salir con otras personas, ni lo dudo. Por lo general, es cuestión de horas que caigan a mis pies: una mirada tierna, algún comentario sugestivo del estilo “En casa tengo una botella de vino que me regaló mi jefe. ¿No te gustaría probarla?”, y ¡listo! A su vez, al ser tan sencillo el asunto, el entusiasmo por mi nueva “presa” me dura muy poco. Más que un robo, lo considero una aventurilla para pasar el rato.
La situación ideal
Una pareja unida desde hace muchos años, pero que esté atravesando una etapa de decaimiento sexual; un chico que no comparte demasiados intereses con su novia; o dos personas que están a punto de dar el sí aún cuando él no está completamente seguro… oportunidades como éstas son lo que toda ladrona profesional de novios está esperando. Es importante pretender acercarte a ellos buscando sólo una amistad, piensa que quieren a alguien que los contenga sin sentir que están engañando a sus novias. Luego, poco a poco la situación se puede ir poniendo más confusa. Un roce accidental de labios al despedirse, mostrar como por descuido el bretel de tu sostén más sexy, una conversación subida de tono cuando estéis a solas… en algún momento, hasta la voluntad más fuerte sucumbe a la tentación.
Los imposibles
Claro que no todos los novios son candidatos a ser robados. Una comunicación fuerte en la pareja es un obstáculo que siempre me ha resultado insalvable. Cuando intentas hacerte amiga de un chico y él lo primero que hace es presentarte a su novia y proponer salir de a cuatro con un amigo suyo, me doy por vencida y me dedico a otra cosa. Además, no me gusta robarle los novios a mis amigas, por lo que cuando una de estas chicas detecta mi potencial, si tienen el buen tino de acercarse a mí y mostrarse encantadora, se acabó la cuestión de birlarle al novio. Asimismo, me he dado cuenta con el tiempo que los hombres que están felices en sus parejas (dentro y fuera de la cama) huyen de aquellas que, como yo, intentamos separarlos de la persona que aman.
Tal vez sea solamente la sensación de estar haciendo algo malo, lo cual me resulta muy excitante. O quizás simplemente me da celos el ver la felicidad ajena. Pero sé que no soy la única. Hay muchas como yo. Así que presta atención: hay muchos hombres allá afuera esperando ser robados. Y no estés tan confiada: el tuyo podría ser el próximo.
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