La vida revela, incluso a los más optimistas, la experiencia del sufrimiento. Todos estamos expuestos ante los problemas. Quien teme enfrentarlos, teme que este en sus manos resolverlo. Cuando alguien sufre y exclama: -
"¿Por qué tuvo que pasar esto?"-, nos muestra su consternación y el sinsentido del mal. Cuando alguien sufre y exclama:
- "¿Por qué tuvo que pasarme esto a mí?" - nos muestra el lugar accidental (
y no necesario) que le asignamos al dolor en nuestra vida. Estamos destinados a la pretensión de poseer por completo algo que está sujeto al cambio, reduce nuestra capacidad de obrar y, en situaciones extremas, se impone con tal fuerza que nos oprime el corazón y nos produce una feroz cerrazón en la garganta.
Ahora bien, ante esto mi evaluación fue presentado a Oficinas Administrativas. Donde se le dio instrucciones a mi Gerente de que debía resolver este inconveniente del punto rojo a un miembro de su equipo. Se me entrego un formato que es un
Plan de Acción. En ese formato tenía que hablar de mi rango y su importancia, de mi fortaleza y debilidad, la causa de motivación y desmotivación. Para luego pasar a lo más importante:
¿Qué debo hacer en un plan de acción de corto plazo para mejorar en mi área? Es decir, ya no seguir sacando puntos rojos.
Este dilema en el que me encontraba debía dar una solución plasmándolo en el documento para seguirlo como un importante manifiesto.
Aceptar el fracaso es doloroso, recordando un una frase budista:
amor fati (
amor por los hechos).
El amor fati no es la aceptación pasiva de la resignación sino la aceptación valiente de lo que ocurre. A esta aceptación del dolor el budismo la llamó desapego. Algo que ya ha sucedido no puede cambiarse, de modo que es inútil perder tiempo pensando que podría haber sido de otro modo.
Los errores hay que soportarlos y reservar nuestra energía para no repetirlos.
Aristóteles divide los problemas en dos: los que están en nuestro poder, y los que no están en nuestro poder. Respecto a estos últimos, de lo que se trata es de entrenarnos para sufrir lo menos posible. Aceptación valiente del dolor, de los problemas, de las angustias y de los pavores como una parte necesaria de la vida, como el revés de la alegría, el gozo y la tranquilidad.
Aunque gran cantidad de cosas no dependen de nosotros, hay algo que sí está en nuestro poder. Y es el modo de reaccionar frente a lo que nos sucede, incluso cuando debemos optar entre dos alternativas que no hemos elegido. Epicteto formuló así esta idea: -
"No busques que los acontecimientos sucedan como tú quieres, sino desea que, sucedan como sucedan, tú salgas bien parado". Así que por lo tanto, me comprometí en este mes a cumplir metas personales ante mi puesto para no recaer como en Diciembre en números rojos. Después de todo me encuentro en el ojo del huracán, pero a diferencia del reto de obtener las codiciadas estrellas donde puse en riesgo mi salud, esta vez la situación ya no me iba a provocar angustia...