|
Hace ocho años, cuando tenía catorce, conocí a un chico en mi clase (en la que estuve muy poco porque me trasladé de ciudad) con el que tenía una tensión sexual palpable e intensa. Éramos una especie de mejores amigos transitorios y nuestros sentimientos eran mutuos. Por mi parte, no era amor.
Antes de irme me propuso que nos liáramos y, en su momento, no le di una respuesta porque yo era de relaciones serias, estaba enamorada de otro que no era mi novio (pero quería ser fiel a mis sentimientos) y nunca había besado (así que tenía cierto pánico). Tras no responderle, lo que se tradujo en un rechazo, no me habló más.
Sin embargo, a excepción de otros chicos a los que he rechazado porque no me gustaban nada, con éste me arrepentí desde el primer momento. Se me quedó esa espina clavada porque en el fondo me hubiera gustado estar con él aunque fuésemos a durar dos telediarios.
El otro día, agregando a gente del pasado, lo vi en sugerencias. Lo agregué por curiosidad y saber cómo le había ido. Nos dimos el whatsapp. Estaba soltero pero tenía un hijo muy pequeño (calculo que lo tuvo de adolescente y sin querer, siempre fue un chico promiscuo. Pero en ese aspecto me alegraba, se veía un buen padre).
Actualmente me encuentro en la misma situación que hace tantos años: enamorada de alguien que no me hace caso, con una tensión sexual tremenda y siendo consciente de que este chico me puede hacer daño, dado que es un ligón de cuidado y no creo que duremos mucho. No soy la típica chica que echa polvos, ni siquiera he tenido nada jamás. Pero con él me pasa algo distinto que sé que no es amor, sólo deseo.
¿Debo eliminarlo de mis contactos o arriesgarme y hablarle más? Ambos estamos mudos desde el reencuentro.
|